Por primera vez una organización indígena amazónica en Colombia analiza los servicios ecosistémicos de su territorio y los riesgos que corren si llegaran a perderlos. Esta es su historia.

Fuente: El Espectador

Por:  Viviana Londoño

“Nuestros abuelos conocían muy bien nuestro territorio, los sitios sagrados, los espacios de uso y los riesgos que corríamos si no usábamos bien los recursos. Pero parte de esa sabiduría ancestral se estaba quedando con ellos y no se había registrado o era muy difícil traducirla a un lenguaje que nos permitiera defender nuestro territorio o tomar decisiones. Hoy sabemos cómo acceder a esa información”.

El que habla es José Zafiama del pueblo uitoto, profesor y miembro de la organización indígena Azicatch que reúne los pueblos uitoto, muinane, bora y ocaina del corregimiento departamental La Chorrera, del Resguardo Indígena Predio Putumayo, el más grande en la Amazonia Colombiana. Acaba de presentar los resultados del primer análisis de servicios ecosistémicos en su territorio y no deja de sonreír. Sabe que lo que acaban de lograr es un gran precedente para su territorio, y que puede convertirse en una herramienta clave en la búsqueda de un desarrollo sostenible para otros pueblos indígenas en la Amazonia.

¿Cómo lograron hacer un análisis de este tipo y crear una guía técnica que pueda ser útil en procesos similares? Llegar a la Chorrera no es fácil. Hay un vuelo cada dos semanas que cumple pocas veces con su itinerario y el viaje por río puede tardar más de 15 días desde la ciudad más cercana. Sin embargo, un equipo liderado por WWF y la Fundación Puerto Rastrojo viajó durante casi un año a la zona para consolidar y capacitar a un equipo técnico indígena que pudiera sacar adelante esta iniciativa.

El objetivo era generar un proyecto piloto para la evaluación de servicios ecosistémicos desde un enfoque indígena; que permitiera además el análisis del riesgo de transformación de los bosques y de la pérdida de servicios ecosistémicos, así como el fortalecimiento de la gobernanza indígena. Hoy el resultado es una completa guía con los métodos de trabajo y los resultados de su aplicación en La Chorrera, que será publicado en las próximas semanas.

Los logros aún sorprenden a los participantes. En palabras de Chela Umire, una de las mujeres del pueblo muinane que hizo parte del proceso, “nunca pensamos poder aprender algo así. Al principio todo parecía muy complicado, pero fuimos aprendiendo a manejar el GPS, a entender los mapas, a ubicar los espacios de uso y a comprender la dimensión de nuestro territorio”.  En el equipo participaron mujeres, ancianos y hombres representantes de los cuatro pueblos indígenas, quienes unieron sus voces y sus conocimientos para pensar conjuntamente cómo aporta la visión indígena en la conservación de los bosques

“El proceso nos permitió acercarnos de nuevo a los abuelos, trabajar con las mujeres y que los cuatro pueblos volviéramos a trabajar de manera conjunta. Para mí fue genial conservar la sabiduría tradicional y complementarla con lo occidental. Nosotros conocemos nuestro territorio, pero desconocíamos lo técnico y aprendimos mucho” agrega José Miller Teteye, del pueblo bora, otro de los miembros del equipo técnico.

Este proyecto piloto hizo parte de los logros de la iniciativa REDD+ Indígena Amazónico RIA, que buscaba promover la integración de la visión indígena en políticas de conservación, así como en programas REDD+ de países amazónicos, implementada en Perú, Colombia y Ecuador. RIA fue liderada por la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica COICA, en alianza con organizaciones indígenas nacionales y locales como la OPIAC, con el acompañamiento de WWF y el apoyo financiero de BMUB-IKI.

El rol de las comunidades indígenas frente al cambio climático

La visión de los pueblos indígenas amazónicos sobre sus territorios, es vital para enfrentar la crisis climática actual y apoyar a los gobiernos en la implementación del Acuerdo de París y demás compromisos internacionales. Uno de los mayores logros del proyecto piloto de La Chorrera es que le ha dado a las comunidades nuevos insumos técnicos para sustentar su aporte a la mitigación del cambio climático, como señala Pía Escobar, punto focal de WWF del proyecto RIA en Colombia.

Más de la mitad de los bosques de la Amazonia Colombiana están habitados por comunidades indígenas, pero hasta ahora para las comunidades no era tan sencillo identificar y caracterizar los servicios ecosistémicos que demuestran el enorme valor de sus bosques y así mismo participar en procesos de incidencia que visibilizaran y protegieran este rol. Con el proyecto piloto de La Chorrera se abre una oportunidad para demostrar que las selvas que habitan cumplen funciones que van mucho más allá del almacenamiento de carbono.

Un territorio en transformación

La Chorrera hace parte de una de las páginas más dolorosas de la historia indígena en Colombia. A comienzos del siglo XX fue uno de los principales epicentros de la bonanza del caucho que terminó con el genocidio de más de 30 mil indígenas. “Nuestros abuelos nos cuentan que en la época de la fiebre del caucho se cometieron muchos abusos y miles de indígenas fueron asesinados. Fue una época de mucho dolor y sufrimiento”. Tirso Candre, líder indígena del pueblo ocaina explica así lo que significó la bonanza del caucho en la Amazonia, pero insiste en que “estamos resurgiendo, avanzando y haciendo trabajos de resignificación de nuestro territorio”.

La Chorrera ha cambiado y, con el paso de los años, los cuatro pueblos que habitan esta zona han empezado a participar en procesos que promuevan un mejor uso de su territorio. Tirso es también uno de líderes del proyecto para la evaluación de servicios ecosistémicos.

“Nosotros los pueblos indígenas hemos conservado los bosques porque son como nuestra madre, para nosotros es muy importante seguir cuidando los espacios de uso, los espacios sagrados y este proyecto es una herramienta para defender el territorio, para tomar decisiones, queremos seguir conservando la selva y ahora tenemos la información para trabajar”, agrega Tirso.

Y sus voces han llegado lejos. Representantes del equipo técnico indígena no solo han compartido los resultados del proyecto piloto con comunidades aledañas, y en espacios regionales indígenas, sino también en escenarios internacionales como la la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático Su historia es la historia de un pueblo que está dispuesto a demostrar el valor de la visión indígena y del conocimiento tradicional en la conservación. Y el proceso que acaban de sacar adelante, es la prueba de que tener en cuenta esta visión es el único camino para asegurar estrategias efectivas para el uso sostenible de los bosques de la Amazonia.

*Periodista ambiental. Oficial de comunicaciones para Amazonía. WWF.