La tragedia involuntaria del acuerdo de paz de Colombia

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“Somos la primera generación que vive en paz en Colombia, pero estamos destruyendo nuestro ecosistema más biodiverso”.

Fuente: Huffingtonpost

Por Naomi Larsson

La vida de Arvey Alvear Daza ha estado dominada por el miedo durante la mayor parte de sus 37 años. Un agricultor en Caquetá, un distrito en el sur de Colombia, su tierra en el extremo noroeste de la selva amazónica lo colocó en medio de un conflicto de décadas entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano.

“Estabas al tanto de cosas que le sucedían a la gente: morían, desaparecían, resultaban heridos”, dice Alvear Daza. “Tuvimos que existir de una forma u otra y aprender a sobrevivir, a vivir día a día”.

Al igual que miles de personas que vivían en el campo ocupado por los rebeldes, sus movimientos fueron dictados por la guerrilla, desde el toque de queda impuesto a su jornada laboral hasta rígidas restricciones al tamaño de su granja para que la cobertura forestal protegiera a las FARC de los ataques aéreos del gobierno.

Hace dos años, las cosas comenzaron a cambiar. Colombia firmó un histórico acuerdo de paz con las FARC, poniendo fin a una guerra civil de 52 años en la que murieron unas 260,000 personas y millones más fueron desplazadas. Alvear Daza dice que siente una sensación de calma después de tantos años de confusión.

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